domingo, 1 de abril de 2012

El sonido del silencio


La verdad que cada vez más me duele el silencio, hay un silencio que te da paz, que se hace encontrar  nuestro propio yo, pero hay otro silencio que quema, que cansa, que desgasta.

Ese silencio que hace más ruido que una tempestad, que los truenos a media noche; ese silencio que abruma, que te pide un cambio, ese silencio que te dice basta o simplemente no te dice nada.

Ese silencio que te invita a cerrar los ojos, para llevarte a descubrir que solo es una imagen, esa imagen que te hace feliz y triste a la vez.

Ese silencio que carcome, en las noches, en las mañanas frías, en los tiempos de alegrías y de tristeza, ese silencio de compartir, de estar, de pedir.

Ese silencio que en hora buena te hace recordar, de sentir… olores, sonrisas y sensaciones de un tiempo; un tiempo que se convirtió en silencio. Ese lugar que te resguarda, que se congela, que esta allí, solo a la espera.

Ese silencio que lo implementamos en silencio, ese silencio que te arropa, pero que quieres destapar, ese silencio que te invita al grito, ese silencio que te recuerda la cobardía, ese silencio que es por ti y por mi.

Ese silencio que nos lleva a descubrir, pero a no pasar la página, porque simplemente esta allí, a la espera del final del silencio.